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Discurso de inicio del ciclo lectivo 2006

Editorial del boletín institucional - Marzo 2006

Muy buenos días!!! En nombre de la CD de la Asociación Cultural Pestalozzi quiero darles a todos Uds. la bienvenida a este nuevo año lectivo 2006.

Cuando mi hijo, que hoy comienza cuarto grado, se encontró la semana pasada con los vallados que marcan la separación entre el patio escolar y la nueva obra empezó inmediatamente a protestar: “que no vamos a tener patio, que no vamos a tener espacio para jugar, que todo va a ser terriblemente incómodo y desagradable” Y razón no le falta. Creo que a todos nos “shockeó” el aspecto que presenta el patio de primaria y parte del viejo y tradicional edificio. Es por ello que quiero compartir con Uds. en este momento algunas consideraciones para brindar información y refrescar conceptos ya presentados con anterioridad con el fin de intentar evacuar dudas, despejar ansiedades y llevar tranquilidad a los chicos, a los padres, a los docentes y a todos los que componen nuestra comunidad escolar.

El proceso de modernización edilicia comenzó en el año 2002 con la compra de la casona de la calle Sucre que se remodeló y modernizó para convertirla en “uno de los jardines de infantes más lindos que tuve oportunidad de visitar”, según las palabras de Klaus Wowereit, alcalde de Berlín, cuando visitó nuestro colegio hace dos años.

La reforma de las viejas instalaciones escolares se imponía como necesidad por motivos de espacio, de seguridad y de adecuación a las nuevas normativas vigentes, tanto en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires como a nivel internacional. Luego de un largo proceso que incluyó un concurso de proyectos, la adjudicación de las obras al estudio ganador, los trámites municipales pertinentes y la certeza de contar con la financiación requerida, comenzaron las obras de remodelación del edificio escolar a fines de 2004 con la reforma realizada en tiempo récord del viejo Jardín de Infantes refuncionalizándolo para convertirlo en el moderno edificio de la sección Secundaria que tenemos hoy. Esta etapa fue inaugurada a comienzos de 2005.

Durante todo el año pasado se trabajó intensamente con el fin de analizar las etapas siguientes de la obra en función del proyecto original y las nuevas necesidades surgidas de la tarea pedagógica. Asimismo se analizaron los mayores costos que se originaban debido principalmente al resurgimiento de las presiones inflacionarias, las reservas disponibles y el flujo de fondos previsto como subsidio por parte de la República Federal de Alemania. Una vez decidida la conveniencia, la oportunidad, y no nos olvidemos, la necesidad de encarar la siguiente etapa, se pusieron en marcha los mecanismos técnicos para su habilitación. Llegamos así a este marzo de 2006 con la obra propiamente dicha recién comenzada. A pesar de que nuestro deseo era dar comienzo a la misma al comienzo del receso escolar, dado que esta etapa insumirá un período de tiempo sustancialmente mayor que la anterior, el hecho de comenzarla al inicio de las vacaciones hubiese igualmente afectado el desarrollo del año escolar, a diferencia de lo que ocurriera con la etapa inaugurada el año pasado.

Toda obra, y sobre todo cuando toca el cuerpo de un edificio con la tradición de la vieja casa, nos “mueve fuertemente el piso”. Yo personalmente cursé toda mi escolaridad en la vieja casona, también lo hicieron varios de mis hijos. Cuando me encontré, hace un par de años frente al proyecto ganador, sentí una sensación de perplejidad, y por qué no decirlo, de cierto desasosiego porque la casa simbólica iba a desaparecer. En aquel momento se encontraba a cargo de la Subcomisión de Obras de la CD un arquitecto que también había sido ex alumno y padre de hijos que habían concurrido al viejo colegio y que también se encontraba sentimentalmente ligado a la antigua construcción. Sin embargo, con sólidos argumentos técnicos me convenció, y convenció a toda la CD de las bondades del proyecto ganador. El espíritu del edificio original se preservaría a través de lo que en la jerga técnica se denominan “gestos arquitectónicos” que, con su presencia, mantendrán vivo el recuerdo de las viejas y queridas instalaciones. Por ejemplo, la antigua escalera de madera que se acaba de desmontar se ha preservado en su totalidad para su utilización eventual en la nueva construcción.

Lo mencioné a mi hijo al comienzo de este discurso. Quisiera aquí contestarle a él y a muchos que tendrán seguramente la misma preocupación. El patio de primaria resigna temporariamente una superficie importante, pero al mismo tiempo agrega un espacio anteriormente reservado, originalmente a Jardín de Infantes y el año último a Secundaria. Se trata de aproximadamente la misma cantidad de metros cuadrados, con una diferente distribución. Se va a poder seguir corriendo y jugando al pica pared como en años anteriores. A lo mejor con un poco más de cuidado, pero en el fondo nada grave. Los chicos de Secundaria dispondrán de la planta baja del edificio nuevo, además del jardín del frente, es decir bastante más que hace dos años.

Las obras son molestas, generan suciedad, ruidos, parecen que nunca van a terminar. Pero alguna vez terminan. Y el resultado lo podremos disfrutar todos durante muchos años, y rápidamente nos olvidaremos de estos meses difíciles. Esto me recuerda un viejo chiste judío que muchos de Uds. conocerán: Un hombre concurre desesperado a ver a su rabino quejándose amargamente. “Rebbe, Rebbe, ya no puedo vivir en mi casa. Vivo en una sola habitación con mi mujer, mis seis hijos y mi suegra. Es un infierno. Dame por favor una solución!!” El rabino piensa un rato mesándose la barba y sentencia: “Toma tu vaca lechera y hacela dormir también en la habitación. Venime a ver dentro de una semana” El hombre no puede creer lo que escucha, pero, confiando en la sabiduría del rabino, le obedece. Al regresar, al cabo de una semana, su desesperación ha adquirido ribetes escandalosos. El rabino, sin inmutarse le indica que incluya en su habitación también a varias gallinas y un gallo que contribuían al diario sustento. El hombre, resignado, obedece. Cuando vuelve, al borde del colapso, suplica: “Rebbe, Rebbe, apiádese de mí. Los chicos gritan, mi suegra no para de mandonearme, la vaca hace sus necesidades por todos lados, las gallinas picotean todo y el gallo nos despierta a todos en la madrugada gritándonos en el oído. Ya no puedo más!!!” El rabino, sin inmutarse le aconseja: “Saca ya de la habitación a la vaca, a las gallinas y al gallo y vénme a ver dentro de una semana”. Cuando transcurre el lapso de tiempo especificado, el campesino retorna con una sonrisa de oreja a oreja, le agradece efusivamente al rabino y suspira: “ahora sí que vivo en el paraíso”.

Esta pequeña historia pretende ilustrar con una sonrisa, los sentimientos que sin duda nos embargarán durante el transcurso de la obra. Sin embargo al final, a diferencia del relato, tendremos sí una mejora tangible que todos rápidamente disfrutaremos. Así que les pido paciencia, buena voluntad y, si bien no pretendemos ser el sabio rabino del cuento, confianza en que todo se hará de la manera más racional, segura, económica y con las menores molestias posibles para todos.

Muchísimas gracias, y nuevamente...buen comienzo!!!

RICARDO HIRSCH
6 de marzo de 2006

 

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