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Discurso de cierre del ciclo lectivo 2005

Editorial del boletín institucional - Noviembre 2005

Queridos alumnos de 6º año, queridos egresados 2005:

Para un director y para todos los docentes que los han acompañado a lo largo de estos años, siempre resulta conmovedor decirles “adiós” a los jóvenes con quienes hemos compartido tanto tiempo, tenderles la mano en son de despedida, deseándoles lo mejor en esta nueva etapa. También a nosotros, los docentes, nos da una cierta tristeza, pero el período que compartimos con ustedes es limitado y ustedes parten hacia su futuro. Ustedes, que hoy dejan el Colegio Pestalozzi, ustedes que han pasado una gran parte de sus vidas aquí, que han entablado amistades, han enfrentado exigencias de rendimiento de todo tipo, ustedes, que han tenido muchas vivencias positivas, pero tal vez también hayan padecido frustraciones y angustias ... La vida escolar cotidiana. Horas, días, semanas, vivencias, experiencias, desafíos que debían superarse, que ustedes superaron, y que se han vuelto parte de sus vidas.

Ahora abandonan ese marco relativamente estable de la cotidianeidad escolar. ¿Qué es lo que les queda para siempre? Las imágenes de la escuela, los docentes, las materias, lo aprendido, el ambiente en el aula, los largos años compartidos en la escuela, el buen nombre del Colegio Pestalozzi, los campeonatos deportivos, los campamentos y, por supuesto, las amistades conquistadas. Todo eso y, por supuesto, muy especialmente las amistades, perdurará mucho más allá de su etapa escolar.

Allí afuera, más allá de las puertas de la escuela, los esperan nuevos desafíos, aún totalmente desconocidos, que también deberán aprender a asumir: una carrera universitaria, una capacitación, nuevas tareas.

¿Y cómo es realmente ese mundo al que salen hoy? ¿Cuál es el mundo con el que se encuentran ustedes, los jóvenes? Al mirar a mi alrededor, al seguir la información en los medios, ya sea aquí en Argentina, ya sea en Alemania o en el mundo en general, veo una gran cantidad de problemas sin resolver, veo furia destructiva y violencia irracional y – aún más grave – la mayor expresión de desprecio a la vida humana, el terrorismo. A nivel mundial, estos problemas se han multiplicado de modo vertiginoso.

Son nuestra realidad, la realidad de ustedes. Ya sea local, ya sea internacional. Nadie puede cerrar los ojos frente a este tema. De modo directo o indirecto, ya en la actualidad todos nos vemos afectados. Y probablemente nos veremos aún más afectados en el futuro.

Y, por eso, me resulta natural colocar en el centro de mis exposiciones un hecho que lleva en sí la inmensa fuerza de lo positivo y que, por lo tanto, también puede servir para guiarnos hacia el futuro. Un acontecimiento que sucedió hace muy poco y sobre el que quisiera explayarme brevemente: la consagración de la “Frauenkirche” (Iglesia de las Mujeres) de Dresde.

Esta iglesia barroca situada en Dresde, en la parte oriental de Alemania, no pudo resistir el bombardeo de los aliados en febrero de 1945, durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Quedó reducida a escombros y cenizas, como prácticamente toda la ciudad. Innumerables personas encontraron la muerte. En su mayoría civiles, mujeres y niños, refugiados de las zonas orientales de Alemania. Ya no había plantas industriales importantes ni otros objetivos bélicos. Pero los pilotos de los bombarderos británicos y norteamericanos siguieron actuando hasta que no quedó más que un único mar de llamas…

“ Quien se haya olvidado de lo que es llorar, lo puede volver a aprender al contemplar la destrucción de Dresde “ escribió Gerhard Hauptmann, uno de los más grandes poetas alemanes, en 1945.

De modo parecido a lo que sucedió con la “Gedächtniskirche“ (Iglesia conmemorativa) de Berlín, mientras la reconstrucción de la ciudad y de todo el país avanzaba, durante décadas quedó en pie un resto aislado del muro de la iglesia, como símbolo de la irracionalidad de la agresión y de la venganza, de la guerra y de la destrucción.

Hasta la década del 90 del siglo pasado, faltaron el coraje y los recursos para reconstruir esta iglesia. Recién después de la reunificación alemana, se lanzó una iniciativa para su reconstrucción. Esto fue en el año 1994, una vez que lograron reunirse los 180 millones de euros necesarios: dos tercios de ese importe fueron donados por 600.000 particulares de todo el mundo, entre ellos también muchos británicos y norteamericanos. La cruz dorada que corona la cúpula es obra de un orfebre londinense. Su padre iba en uno de los aviones que bombardearon Dresde.

Según el Presidente Federal Horst Köhler, la reconstrucción de la “Frauenkirche” es “de los mayores logros que pueden realizar los ciudadanos libres“. Y continuó diciendo que la reconstrucción de la Iglesia es una “expresión del bien“. Además, basándose en la citada frase del poeta Gerhard Hauptmann, expresó: “Quien haya olvidado qué es el optimismo, puede volver a aprenderlo al contemplar el resurgimiento de la Frauenkirche“.

También esto es parte de nuestra realidad. Un logro que da fuerzas o, para expresarlo con las palabras del Presidente Federal, un logro que nos llama a comprometernos aún más, unidos e incondicionalmente, a favor de la paz y de la reconciliación. Ese día, el servicio religioso fue ecuménico y estuvo a cargo de clérigos evangélicos, católicos y judíos.

¿Por qué menciono este acontecimiento histórico para Europa justamente aquí y ahora, justamente en el acto de graduación de ustedes?

La respuesta es sencilla: Los objetivos pueden alcanzarse; las esperanzas, hacerse realidad. Todos nosotros vivimos en un momento determinado en un lugar determinado del que nos sentimos parte física- y psíquicamente, con el que nos identificamos, aunque a veces críticamente. Una de las realidades vitales de ustedes hasta ahora ha sido el Colegio Pestalozzi. Un colegio con una historia específica, una relevancia histórica irrefutable, que tanto ustedes como todos nosotros tenemos presente. “Paz y reconciliación” también fueron algunos de los principios básicos de los fundadores de la escuela. En el perfil de la escuela que fue reformulado este año, esos principios también figuran, inalterados.

¿Cuál es entonces el mensaje, se preguntarán Uds.? ¿Cuál el lineamiento que quisiera que los acompañe en su vida futura? Es el siguiente:

Aprovechen la base firme, la formación, los principios de acción incorporados durante el tiempo que pasaron en la escuela. Saber que culturas diferentes, como por ejemplo la argentina y la alemana, a menudo ven las cosas de distinto modo, pero que todos nos sentimos comprometidos con los principios humanistas, que debemos convertir en máximas de nuestra acción y cuya puesta en práctica se nos encomienda para toda la vida.

Aprovechen su razón crítica para cambiar las cosas, para mejorarlas. De modo constructivo, con mucho empeño, perseverancia y disciplina. Porque sólo el trabajo duro los llevará al lugar que merecen.

Aprovechen las oportunidades de participación que les ofrece una forma de Estado abierta y democrática. De modo altruista, es decir cumpliendo con la responsabilidad común, especialmente frente a los más débiles de la sociedad.

Busquen la paz y la reconciliación. Siempre.

De todo corazón, les deseo a todos aquellos que estudiaron en esta escuela que respeten el Derecho, la Ley y la dignidad del ser humano. ¡También en nombre de todos los docentes de la escuela, les deseo lo mejor en esta nueva etapa!

Claudia Frey-Krummacher

Traducción: Susana Mayer

 

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