Los sueños del faraón
Los sueños del faraón, cierta teoría económica y los aranceles del Colegio Pestalozzi
Recuerdo que, cuando era chico, mi padre nos sentaba, a mis hermanos y a mí, en el living de nuestra casa, y solía contarnos historias extraídas del antiguo Testamento. Entre ellas sobresalía la historia de José, uno de los doce hijos del patriarca Jacob, que llegó como esclavo a Egipto y que, gracias a su inteligencia se convirtió en consejero y mano derecha del faraón. Cuenta la historia que el faraón estaba perturbado por un sueño recurrente en el cuál aparecían siete vacas gordas que estaban apaciblemente pastando cuando repentinamente eran atacadas por siete vacas flacas que se las devoraban pero que, sorprendentemente, continuaban siendo flacas. Los adivinos, intérpretes y consejeros reales no habían sido capaces de interpretar satisfactoriamente este sueño y surge entonces la figura del esclavo José, el cuál le encuentra finalmente una explicación plausible. Le informa al faraón que las siete vacas gordas representaban los siete años de bonanza que estaba en ese momento viviendo el reino y que, luego de transcurridos estos siete años, podrían avecinarse siete años ulteriores de penurias, hambre y necesidades económicas. Aconsejó entonces al faraón que, durante esos siete años de “vacas gordas” acumulara granos, alimentos y bienes para poder hacer frente con cierta comodidad a los siete años de penurias que indefectiblemente se aproximarían. El faraón siguió los consejos de José, la interpretación demostró ser verdadera y José pasó de esclavo a consejero mayor del reino.
Esta bonita historia, seguramente conocida por muchos de nosotros, sobre todo teniendo en cuenta que el concepto de “vacas gordas” y “vacas flacas” se ha impuesto en las costumbres cotidianas para denominar las épocas de bonanza y malaria respectivamente, ha sido adoptada por la teoría económica cuando habla del concepto de “conducta contracíclica”. No soy un entendido en ciencias económicas, pero recuerdo innumerables artículos de opinión de notables economistas que siempre aconsejan adoptar una “conducta contracíclica” en el manejo de los asuntos del estado para evitar, o por lo menos morigerar los efectos de períodos críticos en las finanzas del país. Es así que, al igual que José con el faraón, aconsejan proceder con cautela en la administración de los recursos excedentes en los años de coyuntura económica favorable, sin caer en el dispendio y en el derroche en las políticas de gasto público, para generar así un “fondo contracíclico” con el cuál hacer frente a los desafíos que plantean los años menos favorables. Resulta lamentable que los políticos que nos gobiernan no acepten estos consejos con la misma sabiduría que lo hiciera el faraón, y prefieran utilizar los recursos excedentes en gastos y subsidios “fáciles” quedándose así con las manos vacías para enfrentar con éxito los años “de vacas flacas”.
En el colegio Pestalozzí hemos elegido proceder como el faraón del que nos habla el Viejo Testamento. Durante los años de estabilidad y fuerte incremento de la actividad económica hemos manejado los recursos de los que dispone el colegio con prudencia y sobriedad pudiendo acumular así reservas que, en el momento adecuado nos permitieron encarar algunas inversiones imprescindibles para el desarrollo de la institución. Al sobrevenir la crisis que comenzó a insinuarse en el año 2001 e hizo eclosión a principios del 2002 con la devaluación, la megarrecesión y sus secuelas, el colegio encaró, y estuvo en condiciones de sostener, una política contracíclica. A pesar de la emigración de un elevado número de familias a otras latitudes, las penurias y las angustias económicas experimentadas por otras muchas familias, fue posible ayudar al castigado presupuesto de nuestra comunidad de padres disminuyendo el valor de la cuota, bonificando y subsidiando un gran número de actividades (principalmente el programa de viajes escolares) e instituyendo descuentos significativos por pago en término.
El cuadro que se incluye al finalizar esta reflexión muestra claramente la evolución de los aranceles escolares entre el año 1994 y el año 2005. En este período de 11 años se comprueba una estabilidad e inmovilidad absoluta del arancel entre los años de 1994 y 1998. A partir de 1999 se comenzó a premiar, con una reducción de la matrícula, a aquellas familias que mantuvieran sus pagos al día, lo que redundó en una disminución del monto total anual pagado. En el año 2001, y como reacción a la crisis que ya comenzaba a manifestarse, se introdujeron medidas que tendieron a aliviar la carga arancelaria de las familias pestalozzianas. A pesar de la gran devaluación ocurrida a principios de 2002, el aceleramiento de los precios observado fundamentalmente en la primera mitad de ese año, el arancel del colegio Pestalozzi descendió en términos nominales. A partir del año 2004, y como consecuencia del reacomodamiento necesario de los salarios docentes, el arancel retomó el curso ascendente hasta llegar a los valores actuales. En síntesis, entre 1994 y 2005 los aranceles escolares se incrementaron un 29% en promedio. Si comparamos este porcentaje con el casi 70% que aumentó el índice oficial del costo de vida, podremos quizás estar de acuerdo en que esta cifra es sumamente moderada.
La crisis económica de nuestra Argentina alcanzó su pico más profundo hace ya un par de años. Desde entonces la situación para la mayoría de las personas (por supuesto que sabemos que no para todas) tendió a mejorar. Es entonces el momento de recomponer los números, disminuír los subsidios y prepararnos nuevamente para sostener la marcha de la institución cuando los vaivenes de la economía lo requieran. No es que estemos en una época de “vacas gordas”, pero por lo menos éstas están algo mejor alimentadas. Es política institucional sostener y contener a las familias que hayan quedado rezagadas en este proceso de recuperación. Y también es nuestro compromiso, y lo reafirmamos aquí, sostener la marcha saludable de la institución a través de una política administrativa coherente, sólida y sin sorpresas como las que llevó a cabo aquel faraón egipcio de la mano de su asesor José, tal como me lo contaba mi viejo hace ya una punta de años.
RICARDO HIRSCH
Presidente de la CD







